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Mostrando entradas de febrero, 2012

El abrazo perfecto

Se ve que no soy sólo yo quien lleva esta situación cada día aún peor. La resignación a perderla esta dando paso a la rabia y ya no se por qué estados más tenemos que pasar. Lo que daría yo por volver a reír con ella. Con nuestras cosas, las suyas. Por ese abrazo que siempre le decía que era perfecto, cosa que siempre achaqué a la altura en que me quedaban sus hombros para dejar caer mi peso entre sus brazos. Hoy pienso que me confundía, no solo era la altura perfecta, no habrá ya nunca un abrazo en el que sentirme así de a gusto. La abrazaba hasta agobiarla en un sentido totalmente literal, pues acababa por pedirme que la soltara. Qué bien supe aprovechar esos abrazos, que duro se me hace tener que vivir sin tenerlos. De haberlo sabido, aun habría pasado mas tiempo hasta liberarla en cada uno de ellos.

Sopla las velas conmigo

A las doce menos cuarto quiero estar en la cama. Quiero dormirme no más tarde que esa hora. No puedo llegar tarde. Que el sueño me invada antes de las doce menos cuarto. Y mirar el reloj y esperar sin decir nada, como cada año, a ver si os habéis acordado. Todos estaremos en el salón, cada uno en su asiento en el sofá. Las doce menos cuarto llegarán sin darnos cuenta, quizás estemos distraídos con la programación de la televisión. Quizás, tanto que pasen las doce y nadie se levante a dar los primeros besos. O quizás uno haya caído en lo cerca que está el nuevo día y haya iniciado una cuenta a trás interna. Quizás incluso, ella, se quede dormidita en un vencido intento por mantenerse despierta hasta la hora y se despierte con una sonrisa al oir el primer "¡Felicidades!". Alguna noche, las menos, hubo que decir "Oye... ¿no tenéis nada que decirme?". Quiero estar durmiendo a las doce menos cuarto. Es mi cumpleaños y ella me está esperando. Tiene un regalito gu

La primera noche que soñé con ella

Me obsesiono con poder soñar con ella. Me habían advertido que ocurriría y que sería, como no, aturdidor. Lo extraño es que los primeros días de su marcha sí que aparecía en mis sueños pero como "entre el público". El sueño iba de fragmentos de sueños normales y entre la multitud estaba ella. Y la veía o pasear o comentar sobre lo que yo andaba haciendo en el sueño, pero sin mayor importancia, como un figurante más. Y nunca me dirigía a ella ni ella a mí. Esto me ocurrió durante dos o tres días. Al poco ya ni eso. Nada. No recuerdo bien cuantos días pasaron hasta que soné con ella, varios, demasiados. Soñé que estábamos en un lugar de muchos veranos nuestros, estábamos todos y por su puesto estaba ella. En el sueño no sólo sabía la realidad que afronto, también ella y era como si fuéramos conscientes de que era el primer contacto desde entonces. La miraba, la tocaba, como en cualquier situación de las vividas... aunque es cierto que, aunque todos estaban a nuestro alred